Tirar la toalla puede ser una estrategia para encontrar el camino. Quiero contaros una experiencia vital. Lo haré a través del siguiente texto que titulé: “meditación de una guerrera”. Lo escribí hace unos meses en un momento en el que tuve que tomar decisiones.

Os la transcribo tal cual. Me ayudó un montón y mi intención es que os pueda dar pistas para utilizar la atención plena en situaciones de crisis y cambio.

¿Y si tiro la toalla???

Ya me harté, la tiro, les daré la razón, se acabó, me rindo, mis enemigos son más fuertes.

Me rindo… (respiraciones profundas, conscientes…)

¡Qué paz! Respiro, suspiro, me desperezo, descanso, dejo la lucha.

Ya no tengo que justificar ni la lucha; ni la derrota; ni las malas estrategias.

Tampoco tengo que mentir, sobre mis bajas o malos resultados, sobre errores o triunfos.

 

Reconozco que necesito una tregua, enarbolo mi bandera blanca.

En estos momentos me siento rota, sin estrategias, sin plan.

Dando espadarazos a diestro y siniestro, sin ganar ni perder.

Sin saber por qué o para qué o al lado que quién luchar.

 

Me sentaré a la sombra de este árbol, respiraré, disfrutaré de la tierra bajo mi cuerpo.

Ahora me doy un tiempo, una tregua.

Voy a contemplar este amanecer, el mediodía, el atardecer y el siguiente amanecer…

Como si nunca los hubiera visto.

 

Esperaré unos minutos, o meses…. O AÑOS, lo que necesite,

antes de dar el siguiente paso, desandar el camino, descartar esta lucha o contraatacar.

Dejo de pensar y de hacer; basta de defenderme y justificarme.

Empiezo a  SER, respirar y ENFOCARME

 

Ahora siento la sangre que riega todo mi cuerpo en libertad,

la linfa limpia y purifica cada célula.

Oigo de nuevo a los gorriones anidar y a los perros ladrar,

al viento tocar los árboles una y otra vez.

Y hasta los problemas parecen menos,

porque sí, están ahí, pero ya no ocupan el 99% de mi espacio – tiempo – cuerpo – mente.

Ahora sí, se oxigenan mis neuronas y buscan nuevas conexiones – soluciones

Estoy en una nueva onda. Estoy en mi tregua.

 

Y de repente la solución a todo se presenta delante, la mente creativa se agita incansable, siento ganas de coger la espada de nuevo, de calzarme las botas y seguir.

Pero mi voz interior me dice: un poco más ¿y si te me das más tiempo?

Descansa, respira, suelta, no tienes que volver aun a la batalla.

Ve afilando la espada, dale un par de vueltas al mapa y al plan y sobre todo:

Descansa.

Tus enemigos seguirán ahí, dentro de una hora, un día o un año.

Los enemigos que te hacen crecer, que te ponen a prueba,

que te hacen pensar y dudar, que te dan la oportunidad de ser la guerrera que eres.

Los enemigos que te enseñan los dientes para que desenvaines,

que te desafían orgullosos para que grites con toda tu garganta,

como nunca imaginaste que podías hacerlo.

Porque están ahí enfrente, dentro, encima y debajo de ti,

para que vivas las experiencia y te conozcas.

Tu corazón está ardiendo, tus brazos y tus piernas quieren volver a la batalla.

Decide descansar y contemplar tu tregua guerrera.

¿No os pasa a veces que cuando os rendís, cuando el cuerpo se relaja, soltáis el problema y de pronto os sentís mejor, hasta veis con más claridad hacia dónde caminar?

A veces necesitamos rendirnos; decirle al ego, a la mente, que puede bajar la guardia. Para que las ondas cerebrales que están alteradas, en  una frecuencia beta alto, pasen a un estado de ondas alfa, más creativas y predispuestas a buscar soluciones.  Es genial. Si practicas atención plena en momentos de serenidad, cuando llegan los momentos en los que estás emocionalmente alterada, eres capaz de parar, respirar, soltar y darte una tregua.