Sobre mí

experiencia como empezar a tomar en serio tus sueños

Me llamo Gemma y soy educadora, escritora e ilustradora consciente. 

Contacto: gsrivera2@hotmail.com

 

Diplomada en Trabajo Social. Especialización en Marginación e integración social. 1990/93. Con un Máster en Dirección de Centros de Servicios Sociales.

Formadora, en diversas entidades públicas y privadas desde hace 20 años.

En curso y talleres de: Atención plena para el desarrollo personal, la inteligencia emocional, gestión del tiempo, gestión del estrés, autoestima y asertividad, comunicación eficaz. Creatividad y comunicación.

Teatro y creación de cuentacuentos, pintura creativa, técnicas de estudio en primaria y secundaria. Desarrollo de la concentración, relajación y memoria.

Atención socio-sanitaria, animación sociocultural, igualdad de oportunidades entre las personas, asociacionismo.

Educadora y Monitora de tiempo libre. En diversos municipios desde 1990. Creando y gestionando talleres infantiles y juveniles de: teatro, pintura y manualidades, creatividad, medio ambiente. Formación y organización de monitores y voluntariado.

Orientadora personal y profesional para familias: Seguimiento de casos individuales de niños, adolescentes o jóvenes.

Escritora e ilustradora de material didáctico y educativo.

Autora de libros ilustrados educativos, Ed. Hispamérica: “Eviruli”, “Carlota y las mariposas”  y “Berta, la rana despierta”.

Coautora de artículos, libros y material educativo son la Editorial CCS entre los años 1999-2006.

Manuales para impartir los certificados de profesionalidad de Monitores y Coordinadores de Tiempo libre, Atención Socio-sanitaria en domicilio y Atención Socio-sanitaria en Instituciones con la Ed. Hispamérica.

 

Algo más personal sobre mí…

Empecé a los doce años. Leía mucho y escribía más. Mis primeros libros los escribí a mano y a partir de los trece en la máquina de escribir (de hecho en clase de mecanografía, cuando no me veían, me dedicaba a inventarme relatos…). Eran relatos basados en mis amigas, chicos que me gustaban o personajes de las películas del momento. Dibujaba algunas ilustraciones, cosía las páginas y se lo pasaba a mis amigas.

A los catorce pasé a los comic. El personaje principal era un pájaro “Saltarín”. Quería transmitir valores como la amistad o la paz a niños más pequeños. Podía pasarme tardes enteras creando.

Para mi pintar y escribir eran como respirar así que en el instituto busqué nuevas formas de desarrollar mis facetas. Si había que inventar una obra de teatro; allí estaba yo. Si pedían voluntarios para decorar con dibujos la clase de los preescolares, yo me apuntaba.

Estudié Trabajo Social y me dediqué a la orientación y a la formación. Me transformé en educadora. Otro arte. Una profesional creativa y llena de retos. En esa época escribí una batería de cuentos para educar en valores, junto a otro escritor Alfonso Francia y publicamos juntos en la editorial CCS, que se vende en España y en Hispanoamérica.

Me casé y tuve tres hijos. Mis mejores creaciones: Pintaba en las paredes de sus habitaciones,  les contaba historias que inventaba, escribía obras de teatro para hacer con los niños del pueblo.

Muchas veces me preguntaba: ¿pero yo qué soy? ¿Pintora, escritora, educadora, orientadora, trabajadora social….? Pensaba que debía desarrollar una sola profesión. ¿Pero cuál? si todas me gustaban.

Hasta que hace tres años, en plena crisis, saqué mis armas de pintora y empecé a hacer murales; las de de escritora,trabajando como cuentacuentos y las de educadora, realizando orientación personal y escolar con familias y niños de diversas edades.

En ese momento sucede algo más. Mi marido me invitó a ir a un encuentro de educadores en Barcelona “Escuelas despiertas”.  Me contó que iría un monje vietnamita que era excepcional y que quizás sería la última oportunidad de verlo, ya que tenía ochenta años. Me enseñó un vídeo de él y me quedé impactada con su sonrisa sincera. Nos fuimos a Barcelona.

Escuchando a este monje, Thích Nhất Hạnh, primero empecé a llorar (no lo hacía desde…; ni me acordaba. Aunque lo necesitaba), comencé a practicar mindfulness, a ser consciente  y después empezó a surgir en mi mente un cuento, textos e imágenes de una rana y unas ganas enormes de hacerlo realidad.

En ese momento comprendí, podía ser a la vez: escritora, pintora y educadora. Toda mi vida, cada una de mis experiencias profesionales tenía sentido. Todo encajaba. Sólo faltaba empezar, dedicar tiempo a escribir, pintar, maquetar, revisar, reescribir.  Y todo sin dejar de trabajar en mis múltiples empleos para sobrevivir.

Hoy este reto ha dado su fruto.